9 de marzo de 2014

RAJOY, ORDENO Y MANDO







No es nada nuevo. Mariano Rajoy acaba de decir en el País Vasco que con ETA "no hay nada que hablar". "Que se disuelvan". Así se ha expresado ayer rodeado de sus más allegados y de los populares vascos en San Sebastian. Rajoy no quiere hablar y su partido calla y otorga. Manifestaciones y comportamientos que deben ser tomados con precaución, las conversaciones con la banda terrorista siempre se llevaron en secreto, a escondidas. Quizás Rajoy se niega a hablar con ETA porque directa o indirectamente ya ha hablado y no le ha gustado lo que ha oído, o quizás su prepotencia le impide simplemente escuchar las pretensiones de la banda, una organización que aún hoy tiene capacidad para hacer daño, para volver a matar, si así lo hiciese a nadie le extrañaría. Infravalorar la capacidad del enemigo ha significado, la mayoría de las veces, una derrota inesperada que podía haberse evitado prescindiendo de la vehemencia y la prepotencia.

La organización terrorista está evidentemente muy debilitada en lo que a su brazo armado se refiere, pero por el contrario su brazo político nunca ha estado tan fuerte. A pesar de que Rajoy no habló, hablaron las urnas. Unas urnas que como consecuencia de la actitud intransigente de Rajoy volverán a hablar y fortalecerán la presencia en las instituciones de aquellos partidos que exigen para con ETA un trato diferente al actual. Escuchar siempre es gratis, no hacerlo a veces cuesta caro.

Rajoy no quiere hablar con ETA, tampoco con Mas, por supuesto tampoco de la corrupción en su partido. Su silencio lo escuda en la Constitución y en la Justicia y lo hace desde una posición de fuerza derivada de una mayoría parlamentaria , sin tener en cuenta que esa mayoría solo representa al 30% de los españoles, ni que un 70% del censo electoral le negó su voto. Una mayoría absoluta desde el punto de vista parlamentario, pero una aplastante minoría en términos reales. Unos votos que le permiten gobernar en solitario a un país que mayoritariamente no le respalda en las urnas. Ordeno y mando.

Rajoy no hace política, simplemente toma decisiones, una decisiones que tampoco son suyas y en las que solo participa como portavoz y ejecutor de lo que desde Bruselas se le indica como "conveniente". Tampoco en el asunto de ETA ni en el de Cataluña quiere hacer política aunque en estos caso nadie le impide que lo haga. Mientras él se niega a hablar lo hacen los Tribunales Europeos y toman decisiones, decisiones a las que Rajoy se pliega de inmediato sin intentar contrarrestarlas y se apresura en liberar a decenas de presos etarras. Una de cal y otra de arena. Hacer política no significa ceder, hacer política es el camino para los logros, pero Rajoy piensa que no necesita hacerla, con su mayoría le basta para imponer un criterio basado en una idea absolutista de la democracia cuando se disfruta de una mayoría absoluta en el Congreso. Las ideas de patria y nación vuelven a superponerse a la del Estado de Derecho, aunque Rajoy se escude también en él, sin darse cuenta, o si, de que lo está deteriorando con sus posturas intransigentes con el dialogo político y el consenso democrático. Ordeno y mando.

También se niega a hablar con las victimas de segunda o tercera clase que son para él las provocadas por los crímenes de guerra y la dictadura franquista, unas victimas incomodas para la derecha española cuyas pretensiones de justicia calificó Rajoy como "incomprensibles". De este colectivo de victimas también habló cuando en 2007 se aprobó la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura, más conocida como la Ley de Memoria Histórica, nada más aprobarse dijo : "Lo primero que haré cuando gobierne sera abolir esta ley". Cuando en 2011 llegó al gobierno no la abolió, actuó antidemocráticamente como es su costumbre, redujo su dotación en los presupuestos de 2012 en un 60%, en los correspondientes a 2013 y 2014 la ya exigua dotación desapareció de los presupuestos. Un "tema" para Rajoy zanjado ya desde 1977 cuando un cuerpo legislativo preconstitucional aprobó la vergonzosa Ley de Amnistía. Ordeno y mando.

Dentro de poco volveremos a oír hablar y mucho a Rajoy, rodeado de sus súbditos del Partido Popular y de banderas  azules. Nos pedirá el voto lanzando al aire promesas que nunca cumplirá. Entonces si considerará necesario hablar y a buen seguro  hablará de ETA y de sus victimas, unas victimas a las que seguirá utilizando con fines electorales. Poco hablará de las victimas del 11M, ya que su existencia se debe a las políticas belicistas de su partido y a la inoperancia del gobierno de Aznar para prever el atentado a causa de infravalorar la capacidad de un enemigo que él solo se buscó. De las victimas de la dictadura franquista no hablará y si acaso lo hace será para, como siempre, insultarlas.

Franco no respetó a los vencidos, los masacró durante toda su vida. Rajoy parece ser que con relación a ETA también es partidario de su aniquilación más que de su derrota.

Benito Sacaluga.







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